El Sistema económico-político busca formas efectivas de preservarse, utilizando estratégicamente incluso las ideologías mas variadas y en teoría contradictorias para imponer una continuidad en los objetivos proyectados por la elite poseedora del dinero. En el sistema político norteamericano próximo a elecciones, Hilary Clinton representa la visión globalizadora barnizada de democracia, en la definición actual, es la voluntad de los que mas tienen sobre el resto. Por otro lado Donald Trump, con sus exabruptos ideológicos representa el grueso de la mentalidad pobre e inculta del norteamericano promedio, una poderosa visión cultural pero destinada por sí al mas rotundo fracaso, por su propia inpracticidad en el contexto actual. Todo esto hace pensar que se trata de solo un movimiento de medios para crear un marco referencial donde el votante pueda elegir entre la menos peor opción. Pensar que esta estrategia solo es privativa del sistema político norteamericano, en esta época globalizada donde el cerrado grupo de especialistas asesores de medios en campañas políticas brincan de un país a otro es un etnocentrismo costoso. Parece que a pesar de los gastos propagandistas de precandidatos mexicanos para el 2018, el sistema de poder en México se prepara para la sucesión de un abanderado de la supuesta izquierda mexicana (AMLO), mismo que ha estructurado un partido utilizando los mismos medios y herramientas de la clase política, reciclando fórmulas, exacerbando críticas, sin profundidad de análisis y sin cálculo de posibilidades en sus promesas, cumpliendo con la definición de populista con la que se le ha caricaturizado. El poder de los medios para crear imágenes políticas y de hacer dependiente a la población de la misma, a la vez que la satura con mensajes negativos; funciona como buen canalizador de las voluntades del voto..
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