Hace poco escuché el discurso de Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, en relación a los últimos movimientos políticos trascendentes en el país. Más que nada, fue una declaración para publicar su decisión de no competir para tratar de ser el candidato del Frente Amplio por México (alianza de PRI, PAN, PRD).
Expresando desacuerdos con su partido, Movimiento ciudadano (MC) sobre su actuación ante estos acontecimientos, cómo la no participación del mismo en la contienda con un candidato para la elección de la gubernatura en el Estado de México.
Ni acompañando a Morena –su antiguo aliado en las elecciones del 2018 y con quien después se ha mostrado abiertamente crítico– o como parte de una coalición con los partidos de oposición formando parte del llamado Frente. Contradiciendo indirectamente la postura de rotunda negación del presidente del partido Dante Delgado, a involucrarse junto al PRI en una contienda electoral rumbo a la presidencia en 2024. Teóricamente, planteando ir en solitario a la boleta.
Esto, de varias formas es una incógnita en el panorama político del país. Ya que sus números –7% de votación en el 2018– siempre lo han definido como un partido de acompañamiento. A pesar de gobernar dos estados tan importantes como Jalisco y Nuevo León. Desde las circunstancias actuales, parecería no le alcanzan para ubicarse efectivamente como una tercera fuerza electoral.
Además sus principales figuras políticas como el gobernador Alfaro y el alcalde de Monterrey Luis Donaldo Colosio Rojas, carecen de la proyección de su partido a estas alturas donde las principales fuerzas han iniciado procesos internos para elegir a sus candidatos.
Lo que suscita mayores dudas y obliga a una observación más detallada, que fiarse de la sola publicidad política disfrazada de análisis.
Si bien el partido ya ha anunciado su elección de candidato en diciembre de este año. Esta aparente indefinición, silencios y aislamiento, en política suelen representar una estrategia de espera. ¿Por qué? ¿A quién? ¿Cuándo? ¿Qué implica?
En contexto se puede decir que los Movimientos Naranja, históricamente y a nivel internacional promueven una agenda de libre mercado y diversos postulados que casan con el enfoque globalizador y de neoliberalismo económico. Han sido fomentados desde esta perspectiva en diversos países para ofrecer una vía alterna a las derechas e izquierdas de corte nacionalista o comunista.
Tal es el caso del partido Convergencia por la Democracia (Movimiento Ciudadano) en México desde 1991.
Y sin dar tantas vueltas, corresponden sustancialmente a los principios que ha trazado Marcelo Ebrard –hoy, precandidato de Morena– como plataforma no oficial de su campaña, algo que desde la opinocracia se ha empezado a remarcar en diversos artículos.
Algo posible si se hace una lectura objetiva de las cualidades, trayectoria política y proyecciones sobre sus posibilidades presidenciables y de voto del ex Secretario de Relaciones Exteriores. Quien si pierde la encuesta de su partido –algo bastante probable– , puede aglutinar lo mismo a empresarios, mexicanos internacionalistas, conservadores antipriístas y antimorenistas y otros sectores moderados. Me parece que ha ido construyendo la imagen de su candidatura bajo esta perspectiva.
En resumen, a pesar del momento difuso, MC con posibilidad esta por vivir su mejor momento y convertirse en una verdadera oposición al proyecto de la Cuarta Transformación, con mayor contenido, fuerza y liderazgos. Llanamente y por fin, Oligarquía mundial y nacional representada sin las rémoras de un viejo sistema…